Ácidos omega 3 y omega 6, Los protectores del sistema circulatorio

Ácidos omega 3 y omega 6, Los protectores del sistema circulatorio

por Antolin de la Torre Cortes

Introducción

Desde hace algún tiempo, los distintos medios informativos, nos presionan con distintos spots publicitarios, en los que nos describen las excelencias de los distintos ácidos poli insaturados, especialmente los omega 3. No es difícil ver en la TV, como determinados anuncios nos describen las cualidades de distintas marcas de artículos en las que pregonan que “no se preocupen por su colesterol...” si toma determinadas marcas de productos lácteos, de aceites o de otros productos alimenticios, que teóricamente llevan incorporados los ácidos omega 3. Es por lo menos curioso, que en todos los productos que se venden en los herbolarios, muchos de ellos con excelentes profesionales al frente, y con cualidades terapéuticas demostradas a lo largo de decenas de años, nuestro Ministerio de Sanidad no permite la menor indicación o contraindicación para sus usos, y mucho menos sus aplicaciones, bajo la constante amenaza de que si curan son productos farmacéuticos y como tales deben de ser vendidos en farmacias, y sin embargo se permita este tipo de publicidad masiva, engañosa a todas luces, tanto por la cantidad de los ácidos omega 3 que llevan estos productos, como por la indicación repetida hasta la saciedad de que....”no se preocupen por su colesterol, si consume estos artículos ...”.
Y es que los ácidos poliinsaturados, y entre ellos el más popular omega 3, tienen excelentes propiedades, pero si proceden de unas determinadas fuentes, bajo unas ciertas dosificaciones y reglas que vamos a tratar en este articulo. Evidentemente en estos productos “televisivos” no se siguen estas reglas y lo que únicamente se pretende es un aumento de ventas de las compañías comercializadoras.

¿Qué son los ácidos grasos?

Empecemos por unos sencillos conceptos y definiciones químicas. Nuestro cuerpo necesita energía para vivir, y la forma mas sencilla de conseguirla es mediante las grasas (1 gramo aporta 9 kilocalorías). Esta energía nos permite crecer, mantener nuestro cuerpo en una buena forma física y lo que es extraordinariamente importante, tener nuestras células en optimas condiciones. Ahora bien la forma más sencilla de conseguir esta grasa es mediante los ácidos grasos, que fundamentalmente son de tres tipos:

  • Ácidos grasos saturados. Todos sus enlaces son sencillos y su función primordial es suministrar energía al organismo. Su exceso es perjudicial y esta en relación con niveles altos de colesterol.
  • Ácidos grasos insaturados. Su función principal esta en relación con procesos inflamatorios y procesos hormonales. Por su número de enlaces pueden ser:
    • Ácidos grasos mono insaturados. Tienen solamente un doble enlace
    • Ácidos grasos polinsaturados. Tienen como mínimo dos enlaces dobles.

En principio pues se deduce, que los ácidos “malos”, perjudiciales para nuestra salud, son los ácidos saturados y los “buenos” o beneficiosos para nuestra salud, los insaturados. Hay que precisar también que un ácido insaturado (bueno) puede pasar a ácido saturado (malo). Es el típico ejemplo del aceite de oliva “crudo”, insaturado, que puede pasar a saturado al comunicarle calor, que destruye el doble enlace. Es la razón por la que el aceite de oliva en ensaladas se considera un buen complemento dietético, mientras que al ser “frito” se le considera como un perjuicio para nuestra salud.

Componentes esenciales

Se denominan componentes esenciales a aquellos que son indispensables para tener un buen estado de salud y que nuestro organismo no los producen o los produce en cantidades insuficientes, por lo que su incorporación debe de ser mediante la alimentación o el uso de complementos dietéticos. Ejemplo típico, son determinados aminoácidos de los veinte necesarios para la construcción de cualquier tipo de proteína que tenemos en nuestro cuerpo.
Del mismo modo que hay aminoácidos esenciales, tenemos ácidos grasos esenciales, es decir ácidos grasos, que nuestro organismo no produce o los produce en tan pequeñas cantidades, que hay que incorporarlos mediante la dieta o mediante complementos dietéticos. ¿Cuáles son estos ácidos y que relación tiene con los ácidos omega 3 y con los tan importantes como los anteriores, los ácidos omega 6 La respuesta es sencilla. Los ácidos grasos esenciales son dos: Ácido linoleico, precursor de los ácidos omega 6 y este a su vez del ácido araquidónico. Inicialmente se le denominó vitamina F hasta que se vio que realmente eran lípidos. Ácido alfa linolénico,

precursores de los ácidos omega 3, que fundamentalmente son tres: ácido eicoeisapentaenoico o EPA, ácido docosoeicosapentaenoico o DPA y ácido docosoeicohexaenoico o DHA. Para no confundir al lector con demasiadas formulas químicas o nombres extraños, utilizados solamente por biólogos o químicos, y para manejar y comprender con cierta soltura estos ácidos indispensables para nuestra vida, es suficiente aprender las siglas en inglés DPA, DHA, o EPA, el nombre de ácido araquidónico y que omega 3 y omega 6 significa que el doble enlace de la carbono esta en el carbono 3 y 6 respectivamente, , obviando a propósito sus fórmulas desarrolladas o como están en nuestro organismo.
Asi pues, los ácidos grasos poli insaturados Omega-6 (ácido Linoleico) y Omega-3 (ácido alfa-linolénico) son esenciales para nuestro cuerpo. Si no los ofrecemos a través de la dieta aparecen síntomas de mala nutrición que pueden llevar hasta la muerte. Los ácidos grasos EPA y DHA (ambos Omega-3) son “semi esenciales”.
Nuestro cuerpo puede sintetizarlos a través del ácido alfa-linolénico (Omega-3), pero la cantidad que conseguiremos por esta vía, normalmente, no es suficiente para satisfacer la demanda de nuestro organismo. Las personas mayores necesitan aún más Omega-3 en su dieta porqué con el tiempo su cuerpo va perdiendo la eficacia en convertir el alfa-linolénico en EPA y DHA. Conociendo esta relación entre los PGE-1, PGE-2 y PGE-3 se explica la importancia de mantener el equilibrio natural entre Omega-6 / Omega-3.

 

¿Como nos ayudan los ácidos omega 3 y omega 6?

Nuestro cuerpo convierte ambos grupos de ácidos grasos poli insaturados (Omega-6 y Omega-3) en sustancias parecidas a hormonas con el nombre de PROSTAGLANDINAS (PGE-1, PGE-2 y PGE-3). Estas Prostaglandinas juegan un papel importante en el funcionamiento de cada célula y de cada órgano de nuestro cuerpo. Esto explica porqué los ácidos grasos poliinsaturados tienen

tantos efectos diferentes sobre nuestro cuerpo y nuestro bienestar. Veamos con mas detallas estos compuestos. Los ácidos grasos Omega-6 son muy importantes para nuestra vida y salud porqué nuestro cuerpo convierte una parte importante de ellos en las prostaglandinas PGE-1. Sin los PGE-1 no podríamos vivir. Pero si ofrecemos demasiado Omega-6 y poco Omega-3 a nuestro cuerpo, el exceso de Omega-6 se convierte en las prostaglandinas PGE-2, los cuales inhiben las actuaciones protectivas de PGE-1 y por lo tanto representan un gran problema para nuestra salud. Los ácidos grasos Omega-3 en nuestra dieta tienen también un papel muy importante por varias razones. Una parte de ellos se convierte en las prostaglandinas PGE-3 las cuales controlan la formación de los PGE-2 asegurando de esta manera el buen funcionamiento de la PGE-1. Además de su función en la formación de las prostaglandinas, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-6; ácido araquidónico, y omega-3; ácido docosahexaenoico, son fundamentales en la formación de la estructura y en la funcionalidad del sistema nervioso y visual de los humanos. Ambos ácidos grasos constituyen más del 30% de la estructura lipídica del cerebro y de los conos y bastoncitos de la retina. Se estima que la función de estos ácidos grasos es aportar un alto grado de fluidez a las membranas celulares, permitiendo el movimiento de proteínas en su superficie y dentro de la bicapa lipídica. Estos ácidos grasos se forman a partir de precursores de menor tamaño de cadena (ya hemos visto como el ácido linoleico da origen al ácido araquidónico, y el ácido alfa linolénico al ácido docosahexaenoico). Esta transformación ocurre principalmente en el hígado. Actualmente se estima que el feto, durante el último tercio del período estacional, y el recién nacido, durante los primeros 6 meses de vida, requieren de un gran aporte de ácido araquidónico y de ácido docosahexaenoico, debido a que la velocidad de transformación de los precursores a nivel hepático no es suficiente para cubrir los requerimientos metabólicos de estos ácidos grasos. Es la madre quien los aporta a través del transporte placentario durante la gestación y a través de la leche durante la lactancia. Este aporte proviene de las reservas de la madre, de su actividad biosintética y del aporte nutricional de los ácidos grasos precursores. De esta forma, el adecuado aporte dietario de los ácidos grasos precursores o ya preformados es de vital importancia para la formación del tejido nervioso y visual. Se han observado alteraciones en la funcionalidad de estos tejidos en lactantes y niños que no han recibido un aporte adecuado de ácidos grasos omega-6 y omega-3 durante la gestación y en los primeros meses de vida. Actualmente se sugiere que las fórmulas de reemplazo o de complemento a la leche materna sean suplementadas, ya sea con los ácidos grasos omega-6 y omega-3 ya preformados, o con sus precursores. Ya en adultos se ha demostrado experimentalmente que el consumo de grandes cantidades de omega-3 aumenta considerablemente el tiempo de coagulación de la sangre, lo cual explica por qué en comunidades que consumen muchos alimentos con omega-3 (esquimales, japoneses, etc.) la incidencia de enfermedades cardiovasculares es sumamente baja. Algunas experiencias sugieren también que el consumo de omega-3 tiene efectos beneficiosos sobre el cerebro. Altas cantidades podrían disminuir los efectos de la depresión e incluso grupos de niños en edad escolar aumentaron notablemente su rendimiento después de ingerir pastillas con aceite de pescado (rico en omega-3). Los ácidos grasos omega-6 también son esenciales, pero tienden a consumirse en exceso en las dietas modernas. Particularmente si me preguntasen una aplicación tipìca de la utilización de estos ácidos poliinsaturados, sin duda alguna diría que el tratamiento de la hipercolesterolemia, sin olvidarnos por supuesto de otra aplicaciones. Para entender el porqué de esta afirmación, veamos el mecanismo por el cual el colesterol puede ser en exceso perjudicial. Al ingerir grasas y una vez que son digeridas y absorbidas, unas moléculas llamadas lipoproteínas las transportan por el cuerpo. Frecuentemente se usan los términos de colesterol bueno y malo para simplificar y ayudar a entender el proceso de las lipoproteínas. El colesterol es una grasa presente en nuestro organismo. Cuando existe un exceso de colesterol, al circular por la sangre se adhiere a las paredes interiores de los vasos sanguíneos, dificultando el paso de la sangre. Como consecuencia, los vasos se espesan y se endurecen, haciendo que la sangre circule cada vez con mayor dificultad hasta llegar a obstruirlas por completo. Entonces se impide que el oxígeno llegue a las células y esto puede provocar infartos y trombosis. Las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) y las de baja densidad (LDL) transportan las grasas (y el colesterol) del hígado a las células; mientras que las lipoproteínas de alta densidad (HDL) lo hacen al revés, es decir, llevan las grasas (y el colesterol) de las células al hígado para ser eliminadas. El exceso de LDL transportando grasas y colesterol, implica exceso de colesterol que se va depositando en las paredes de los vasos sanguíneos. En cambio, las lipoproteínas HDL recogen el colesterol depositado en las arterias para eliminarlo. Así, se habla de “colesterol malo” al referirse al colesterol que llevan las LDL y “colesterol bueno” cuando se habla del colesterol HDL. En realidad pues, el colesterol no es ni malo ni bueno. Su bondad o su maldad depende de con que proteína de transporte se ha asociado Por lo tanto, niveles altos de LDL y VLDL (o colesterol malo) están asociados al riesgo de sufrir problemas cardiovasculares; por el contrario, niveles altos de HDL se asocian a un bajo riesgo de infartos, trombosis y arteriosclerosis, entre otros. Mientras los ácidos grasos saturados elevan el colesterol malo (VLDL y LDL), los insaturados no lo elevan o incluso lo disminuyen y, algunos (los poliinsaturados), también mejoran el nivel de colesterol bueno (el HDL). De este modo, se puede concluir que la principal medida para mantener unos niveles óptimos de colesterol es mantener las lipoproteínas LDL o colesterol malo bajo y tener, a la vez, niveles al alza de lipoproteínas HDL ó colesterol bueno que es el que hace de coche escoba. La cantidad que consumimos de estos ácidos grasos determina la composición de nuestros tejidos, por lo que lo debemos equilibrar la ingesta de diferentes fuentes de ácidos grasos. Una proporción equilibrada sería tomar un 50% de monoinsaturados, 25% de ácidos grasos saturados y un 25% de grasos poliinsaturado. De hecho, existen diversos problemas de salud que provienen precisamente de un desequilibrio en los ácidos grasos en el cuerpo: alergias, artritis en todas sus formas, esclerosis en placas, asma, enfermedades cardiovasculares, trombosis, cáncer, dismenorrea, hipertensión arterial, endometriosis, etc. Veamos con mas detalle estas proporciones y como si no se cumplen adecuadamente, puede tener repercusiones sobre nuestra salud.

 

Relación entre los ácidos omega 3 y omega 6

Los ácidos omega-3 protegen al organismo contra enfermedades cardiovasculares, neuro degenerativas o de origen inflamatorio, pero para el buen funcionamiento del organismo debe haber una adecuada relación entre los ácidos grasos Omega–3 y Omega–6. Los estudios realizados han demostrado que ambos ácidos grasos no sólo hay que tomarlos en cantidades suficientes, sino que además hay que guardar una cierta proporción entre ambos tipos. Se encontró que los humanos evolucionaron consumiéndolos en una proporción de 1:1 por lo que esta sería la proporción óptima que brinda numerosos beneficios para la salud. Debido al consumo de alimentos industrializados en la dieta moderna, esta relación se ha desequilibrado, llegando a ser de 1 a 10 o 1 a 15 e incluso en estados Unidos de 1 a 30. Tal desequilibrio se explica por el consumo de gran cantidad de cereales, carne de animales alimentados con cereales y aceites vegetales ricos en ácidos Omega–6 y pobres o carentes de Omega–3. Dicho desequilibrio también se explica por las campañas anticolesterol. Los aceites vegetales, ricos en ácidos grasos Omega–6, se utilizan en la lucha contra el colesterol y en la prevención de enfermedades cardiovasculares, lo que ha implicado su consumo excesivo siendo su efecto en este caso contraproducente Es necesario señalar que el colesterol no es el único responsable de las enfermedades cardiovasculares, pero el desequilibrio de la relación entre los ácidos grasos Omega–3 y Omega–6 sí puede ser un factor de riesgo determinante. Los estudios de la relación entre los ácidos grasos Omega–3 y Omega–6 en la dieta recomiendan una relación de 1 a 4 o 1 a 5. Así, es necesario un mayor consumo de ácidos Omega–3 para preservar la salud. Los ácidos Omega–3 se encuentran en el aceite de pescado de climas fríos, como el salmón y el bacalao, peces muy ricos en ácidos grasos poliinsaturados y mamiferos marinos como la foca o el leon marino,a nuestro juicio estso ultimos, las mejores fuebtes para que nuestro organismo adquiera los tan codiciados acios omega 3. La principal fuente de ácidos grasos Omega–3 en los peces son las algas que consumen. Este ácido graso es también la fuente natural de vitaminas A y D y se asimila mejor en presencia de la vitamina E, por lo que se recomienda consumir estas dos sustancias simultáneamente. Existen otras fuentes naturales de ácidos grasos Omega–3; entre ellas se pueden considerar los aceites de sardina, atún y arenque y aceites de pescados azules en general. Las fuentes nutricionales de aceites Omega–3 de origen vegetal se concentran en frutos como las nueces y avellanas, las semillas de soya, calabaza y lino, así como en el germen de trigo, la col, la lechuga y el brócoli. Por ello, el consumo de dichos vegetales beneficia el balance de grasas endógenas y preserva la salud. El consumo de carne procedente de animales alimentados con pasto mantiene más estable la proporción de ácidos Omega 3 y Omega 6, en comparación con los que ingieren granos. Una forma practica de seguir las pautas indicadas seria el siguiente cuadro:

Necesidades diarias de ácidos omega 3 y acidos omega 6 Omega-3, origen vegetal (Αlfa-Linolénico, 18:3n3) : 2.200 mg / d Omega-3, origen animal (EPA, DPA, DHA) : 440 mg / d Omega-3 Total : 2.640 mg / d Omega-6, origen vegetal y animal (Linoleico, γ-Linolénico, araquidonico) 3.000 mg / d

En cuanto a las cantidades para diferentes patologías y a modo orientativo, hay estudios en las que las dosis y proporciones de uno y otros pueden variar, dentro de los valores ya expresados, para obtener resultados óptimos. Algunos ejemplos serian: razón al menos 5:1 entre omega-6 y omega-3 beneficia a los asmáticos, de 4:1 ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares hasta en un 70%, 2-3/1 artritis reumatoides y cáncer colon rectal.

Ácidos monoinsaturados omega 9

Por ultimo los ácidos omega-9 son una familia de ácidos grasos que incluye dos ácidos grasos muy importantes llamados ácido esteárico y ácido oleico. El ácido esteárico es una grasa saturada que se puede convertir en ácido oleico, que es monoinsaturado. El ácido oleico es el ácido graso más abundante que se encuentra en la naturaleza y también se produce en las glándulas de la piel. Es por tanto un ácido graso no esencial, puesto que es producido naturalmente por el cuerpo. No es necesario pues que sea suplido por nuestra dieta. Curiosamente se relaciona al acido oleico solamente con el aceite de oliva, sin tener en cuenta que hay productos como la popular horchata, que superan con creces las cantidades de acido oleico que hay en el aceite de oliva. Los ácidos Omega 9, se utilizan principalmente cuando hay una escasez de omega-3, de omega-6 o de ambos. Cuando el cuerpo no tiene bastante omega-3 u omega-6, intenta compensarlos produciendo los ácidos grasos omega-9 para compensarlos. Los derivados Omega-9 no son tan eficaces como omega-3 u omega-6 sin embargo en caso de necesidad pueden llegar a suplirlos.

Para más información llame al teléfono 914455154

Antolín de la Torre es Licenciado en Ciencias Químicas, Doctor en Naturopatia y Diplomado en Ciencias Biológicas de la Salud