Miel de Manuka, úlcera péptica y su tratamiento natural

Miel de Manuka, úlcera péptica y su tratamiento natural

por Antolin de la Torre cortes

Con cierta frecuencia y muchas veces para bien, la medicina tradi­cional, cambia conceptos, ideas, forma de tratamien­tos que en una época se consideraban correctos, pero que con el paso del tiempo y con los nuevos métodos de investiga­ción, se quedaron obsoletos, dando paso a nuevas teorías, nuevas técnicas, nuevos fármacos con cuyo tratamiento se trata de conseguir un buen estado de salud, la eliminación del dolor y la erradicación de enfermedades. Quien no recuerda el consejo de nuestro medico hace uncuencos años a las personas que padecían de hipercolesterolemia “No tomen pescado azul. Es perjudicial. Su tasa de colesterol en sangre se elevará por encima de cifras permitidas”. Sin em­bargo hoy nuestro doctor nos dice “Tomen dos o tres veces por semanas pescado azul. Es excelente para controlar el colesterol”. Por su­puesto este último consejo no se hace de forma gratuita y esta basado en esos ácidos poliinsatura­dos con nombre griego que contienen los aceites de pescado o de mamí­feros mari­nos: los famosos omega 3, que dan un excelente resultado en el tratamiento de tasas altas en colesterol además de ser unos excelentes antiinflamatorios natura­les. Hay muchos ejemplos como este. Pero vayamos al tema que hoy nos ocupa: nuestro aparato digestivo y las distintas patologías que pue­den presentar esta parte de nuestro organismo, especialmente la ul­cera de estómago y duodeno y su tratamiento desde el punto de vista naturopá­tico. Es un caso típico como la causa de estas patologías han cambiado con el paso del tiempo y como su tratamiento, tanto desde punto de vista alopático como holistico ha variado sustancial­mente. Veamos aunque se a brevemente, como a través del tiempo los orí­genes, diagnósticos y tratamientos han va­riado.

Úlcera gastro-duodenal

Una úlcera es una llaga o lesión abierta, que se encuentra general­mente en las áreas del cuerpo con piel o con membra­nas mucosas. Esta definición se puede aplicar a las mucosas de nuestro aparato digestivo y así, una úlcera en el revesti­miento del estómago o del duodeno, donde el ácido clorhídrico y la pep­sina están presentes, se llama úlcera péptica. Cuando la úlcera péptica está en el estómago, se llama úlcera de estó­mago y si es en el duo­deno, ulcera duodenal.El concepto es claro, pero no así sus causas. En el pasado y hasta épocas muy recientes se había creído que el ácido y otros jugos produci­dos por el estómago, podían contribuir a la formación de úlceras al que­mar el tejido de revestimiento del tracto diges­tivo. En teoría esto ocurre cuando el cuerpo produce mucho ácido o si el tejido de reves­timiento de su tracto digestivo está dañado de algún modo. Otros factores clásicamente involucrados podrían ser una alimentación in­adecuada, la tensión (estrés) física o emocional podrían ayudar a ocasionar úlceras. Los medicamentos antiinflamato­rios también pue­den ocasionarlas. A pesar de que la mayoría de las personas tomen estos medicamentos sin ningún problema, su uso a largo plazo puede dañar el tejido de revestimiento del estómago y ocasionar úlceras. Los medicamen­tos antiinflamatorios incluyen la aspirina, el ibupro­feno y algunos medicamentos que se obtienen con prescrip­ción para la artritis, artrosis etc. En cuanto a sus síntomas, el más característico es el dolor de tipo punzante o ardor en el abdomen, entre el esternón y el ombligo. El dolor a menudo se produce entre las comidas y por la mañana tem­prano y puede durar desde unos po­cos minutos hasta unas pocas horas. Otro síntomas podrían ser eructos, náuseas, vómitos, poco apetito, pérdida de peso, sensación de cansancio y debilidad.

 

Algo de historia

Sin embargo y volviendo nuestra introducción situémonos en el año 1979. En este año, J. Robin Warren, patólogo del hospital australiano de Royal Perth, hizo una observación sorprendente. Al examinar las biopsias de estómago practica­das a determinados pacientes, advirtió que en muchos casos las muestras contenían un número elevado de bacterias curvadas o espiriformes. Lo normal es que el ácido del es­tómago destruyese este tipo de microorganismos, antes de que se asentasen en la mucosa gástrica. Pero las bacterias que Warren veía estaban alojadas por debajo de la espesa capa de moco que recubre la superficie del estómago y las protegía del ácido. Warren comprobó también que las bacterias apare­cían en muestras de tejido hinchado y ulcerado. No le fue fácil a Warren, ni siquiera con el entusiasmo de su joven colaborador Barry J. Marshall, hacer crecer aquellas bacterias desco­nocidas para poderlas estudiar. Comenzaron a trabajar en 1981. Un año después, habían intentado, sin éxito, conseguir cultivos a partir de muestras obtenidas de unos treinta y tantos pacientes. Llegaron las vacaciones de pascua de 1982. El personal del laboratorio había dejado incubando inadvertidamente algunas de las placas; así per­manecie­ron cinco días, en vez de los dos habituales. En la quinta jor­nada aparecieron las colonias. Una vez mas la serendipia (grandes descubrimientos casuales) intervino en el proceso de forma totalmente for­tuita para ayudar a la humanidad y como si fuese una copia del descubri­miento de la pe­nicilina por parte Sir Alexander Fleming, Warren descubrió la bac­teria Helicobacter Piloris y su rela­ción y causa en mas de un 80 % de las ulceras de estomago y duo­deno y que ha venido importunando al hombre desde que emigró de África por primera vez hace aproxi­madamente. 60.000 años. Aun así la comunidad científica de la época rechazo en una gran parte el descubrimiento de Warren, quien tuvo el valor de inocularse la bacteria y desarrollar una úlcera peptica, demostrando en su propio organismo sus teorías. En mi opi­nión, uno de los premios Nobéles de medicina mas justificados fue el concedido en 2005 a estos dos in­vestigadoras Su descubrimiento está considerada uno de los episo­dios científicos más relevantes de los últimos 25 años. Gracias a Marshall y Warren la úlcera péptica ya no es más una enfermedad crónica, sino una enfermedad que puede curarse con un breve régi­men de antibióticos e inhibidores de la segregación ácida. Y en cuanto a su diagnostico, una simple prueba de aliento puede detec­tar la presencia de la bacteria.

La alternativa natural. La miel de Manuka.

Ya hemos visto que la ulcera gastro duodenal, al ser en un porcen­taje muy elevado de origen bacteriano, puede ser tra­tada mediante el uso de antibióticos con éxito. No olvidemos sin embargo, que aun a pesar de este éxito innegable de los antibióticos en procesos bacte­rianos, hay que considerar también los efectos colaterales que pue­den tener sobre nuestro organismo. Como siempre, la pregunta es: ¿Hay algún producto de origen natural que tenga el mismo efecto antibacteriano que la combinación de los tres antibióticos que se utilizan para la erradicación de la Helicobacter Piloris? La respuesta es afirmativa y el producto la miel Y es que, por siglos, el ser humano ha estado utilizando productos natura­les para curar heridas y otras enfermedades en los que intervienen bacterias. Parte de estos procesos han sido elaborados con la miel. Un producto que se ha venido utilizando en las heridas de los antiguos egipcios y grie­gos, que confiaban en sus poderes curativos. Incluso en la Segunda Guerra Mundial se empleaba por sus propiedades antibacteria­nas en el tratamiento de heridas Por mucho tiempo, las personas pensaban que la consistencia gruesa de esta sustancia impedía que el aire entrara en las heridas y las in­fectara. También se pensaba que el alto contenido de azúcar en la miel impedía que las bacterias crecie­ran de forma rápida. La realidad es que la actividad antibacteriana de la miel proviene de una enzima que las abejas le agregan al néctar, que lentamente genera peróxido de hidrógeno cuando la miel se diluye. El origen de las variedades de la miel (cada tipo depende de su fuente floral) y el procesamiento inciden en la cantidad de poder anti­bacteriano que contiene cierta canti­dad de miel. En el aspecto medicinal, podemos recurrir a las mieles de diversa pro­cedencia; miel de brezo para la cis­titis, miel de eucalipto para los pro­blemas circulatorios, miel de tila o azahar para combatir el insomnio y neutralizar el

nerviosismo, además de otras muchas. En la misma línea, disponemos de mieles más específi­cas con propiedades de alto valor regenera­dor. Así por ejemplo, la miel de castaño es especialmente aconsejable en quemaduras. Pero todo lo escrito anteriormente puede ser aplicado a las mieles en general Sin embargo, hay una miel que tiene unas propiedades regenerativas y un poder bactericida excepcionales, Es la miel de Manuka capaz de luchar con éxito contra las más variadas bacterias, con resultados realmente asombrosos. Es obvio que con la llegada de la penicilina y otros antibióticos en el siglo XX, las propiedades médicas de la miel pasa­ron a segundo plano. Pero esto está por cambiar precisamente con la investigación de la miel de Manuka El trabajo principal sobre este tipo de miel fue realizado por el bio­químico Peter Nolan y la Unidad de Investigación de la Miel de la Uni­versidad de Waikato, de Nueva Zelanda y sus trabajos han identifi­cado a este tipo de miel en particu­lar por sus extraordinarias cualida­des curativas. El Profesor Nolan ha demostrado que la miel de las flores del arbusto de Manuka tiene más propiedades antibacterianas que cualquier otro tipo de miel. Como ya mencionamos, todas las mieles tienen, en diferentes nive­les, peróxido de hidrógeno, producto de una enzima que las abejas agregan al néctar, pero en la miel de Manuka hay algo más aparte del peróxido de hidrógeno. Y nunca se ha encontrado algo así en nin­guna otra parte del mundo.” Ese “algo más” ha resultado ser muy difícil de detectar. Incluso ahora, tras 20 años de investigación, el Profesor Nolan admite que aún no tiene una idea exacta de qué se trata, pero ya le puso un nombre: factor único del Manuka (UMA). Además, ha encontrado una forma de medir su eficacia antibacte­riana, al comparar la miel de Manuka con antisépticos estándar (ácido carbólico o fenol) y su capacidad de combatir bacterias. Los resultados son sorprendentes. La miel de Manuka tiene un espectro de acción muy amplio. Abarca bacterias, hongos y protozoarios, entre otros. No se ha logrado en­contrar ningún organismo infeccioso en el que no funcione. Eso in­cluye cepas resistentes a los antibióticos del estafilococo áureo, que es igualmente sensible a la miel, que otras cepas del mismo germen. Y en el caso que nos ocupa, la miel de Manuka elimina la Helico­bacter Piloris en los tubos de ensayo. Tomar dos o tres cucha­raditas de miel por día contribuyen a que el organismo se des­haga de la bacteria y reduce el riesgo de una nueva infección. Para que los resultados sean los deseados, hay que elegir una marca que tenga en la etiqueta una graduación como mínimo de UMF 10 Por mi experiencia personal, puedo decirles que en un 90 % de las consultas que he tenido referente a úlceras gastro duodenales y en los que he aconsejado el uso de la miel de Manuka con factor mínimo UMA 12, el éxito ha sido com­pleto. Hay aun más. La miel de Manuka actúa en procesos como puede ser una hernia de hiato, una gastritis, un reflujo o una aci­dez estomacal, también con éxito. Una simple cucharadita cuando se notan estos síntomas, los amortigua y los hace des­aparecer.. Finalmente no podemos dejar de mencionar el poder curativo de la miel de Manuka no solo en la lucha contra la temida Helicobacter Pi­loris, sino en el tratamiento de infecciones provocadas por quema­duras, heridas o escaras donde los antibióticos muchas veces han fra­casado.

Para más información teléfonos 914455154 o 666212242

Antolín de la Torre es Licenciado en Ciencias Químicas, Doctor en Naturopatía y Diplomado en Ciencias Biológicas de la Salud. Actualmente dirige el Centro e Terapias Alternativas Calén­dula.