Metales pesados, el mercurio

Metales pesados, el mercurio

por Antolin de la Torre

Artículo publicado por la revista Verdemente y el periódico Diario Liberal.

Introducción

En nuestro articulo del mes de enero, vimos como la contaminación atmosférica, el uso muchas veces indiscriminados de colorantes, conservantes, aditivos etc que utiliza la industria alimenta­ría, fumar, beber en exceso, la contaminación atmosférica etc. producían in­toxicaciones en nuestro organismo y que estas se podían controlar mediante la utilización parches podales, cuya acción mientras dormimos, simplemente adhiriéndolos a las plantas de los pies, nos per­mitían eliminar estos elementos inde­seados. En esta segunda parte nos vamos a ocupar del el mercurio que junto a otros metales pesados como zinc, estaño, cad­mio cobalto, cobre, estaño, manganeso, níkel, plomo y pueden causar graves trastornos en nuestro organismo si están en exceso.

Los metales pesados

Los metales pesados son un grupo de elementos químicos que presen­tan una densidad relativa­mente alta. El término "metal pesado" no está bien definido. A veces se emplea el criterio de densidad. Por ejem­plo, metales de densidad mayor que 4,5 g/cm.3, llegando incluso a densidades 7 g/cm3. Pero para el objeto de este artí­culo asociaremos el tér­mino con la toxicidad que presentan en las personas, aunque en este caso también se emplea el término "elemento tóxico" o "metal tóxico. El estudio del efecto de los metales pesados no es algo nuevo, sino que ha sido objeto de in­vestigación desde épocas ancestrales. En el año 370 a.c., Hipócrates describió por primera vez cólicos abdominales en hombres que extraían me­tales de las minas. La intoxicación por inges­tión de mercurio y arsénico se describió en 387 y 372 a.c. por Theofrastus y Erebos, respecti­vamente; sin embargo, hasta el día de hoy no se conocen con exactitud todos los mecanismos de acción que conllevan a los metales pesados a tener efectos tóxicos. Pero ocupémonos hoy del mercurio, sin prejuicio de que en otros artículos escribamos sobre todos y cada uno de los metales pesados mencionados

Mercurio

A lo largo de la Edad Media, alquimistas en China y Europa observaron que un lí­quido al que llamaron plata liquida, extraído del cinabrio, era volátil y desaparecía rápidamente en forma de vapor cuando se calentaba ligeramente. Aquellos viejos compañeros míos, los al­quimistas, estaban fascinados de como a temperatura ambiente aquel misterioso líquido, di­solvía el polvo de otros metales tales como la plata, el estaño y el cobre y al que finalmente bautizaron como mercurio. El mercurio o azogue como se le llamaba en la antigüedad, es un metal pesado plateado que a temperatura ambiente es un líquido inodoro Su uso más antiguo, fue en la confección de espe­jos y en las extracciones de oro y plata. Actualmente, se utiliza en la industria para la manu­factura de equipos eléctricos y científicos (baterías, lámparas, termó­metros, barómetros, etc.) Su uso en pesticidas, conservadores de semillas, pinturas y cosméticos se han restringido en algunos países, pero todavía existen muchas compañías que lo ocupan. En caso de ingerir accidentalmente grandes cantidades, por ejemplo, un trabajador de la industria de instrumentos de precisión, puede llegar a ser causa de un grave accidente laboral. El mercurio es uno de los contaminantes más peligrosos por su capacidad de biomagnificación; es decir, sus efectos se acumulan y se transmiten de unas especies biológicas a otras y a ello nos vamos a referir mas tarde. La absorción es a través de la inhalación de vapores. Por su baja presión de vapor, se evapora a temperatura ambiente lo que constituye en riesgo para la salud cuando se almacena en grandes cantidades. Algunos de los síntomas que constituyen la absoorción del mercurio son la irritabilidad, hiperac­tividad, labilidad emocional, timidez, y pérdida de memoria, que constituyen la llamada enfer­medad del “Sombrerero Loco”. Este último nombre pro­viene de los sombrereros que se intoxi­caban en el proceso de secado de los sombreros, cuando el fieltro despedía vapo­res mercu­riales, provenientes de los residuos de mercurio, al tratar las pieles de roedores (conejos, lie­bres, ratas almiz­cleras, castores, etc.) con nitrato de mercurio. El que Lewis Carroll pusiese un sombrerero loco como uno de los perso­najes fundamentales de su famosísima no­vela Alicia en el país de las maravi­llas no era casualidad. En efecto, en la época en que vivió el autor, era muy conocido que muchos artesa­nos fabricantes de sombreros sufrían de lo que hoy llamaríamos desórde­nes neurológicos, pero que en ese momento se les calificaba como de­mentes o locos. Los pobres sombrereros fueron víctimas, ni más ni menos, que de una intoxi­cación crónica por mercurio debida a los compuestos ricos en ese metal que usaban para confeccionar sus sombreros. En realidad Lewis Carroll quiso reflejar con el sombre­rero loco de su famoso cuento, un reflejo feroz de las enfermedades laborales de la época.

Una fuente de contaminación muy controvertida son las amalgamas dentales, ya que éstas pueden desprender vapores tóxicos, que afectan principalmente a los dentistas y técnicos dentales y por supuesto a las personas que las llevan. En estudios en los que se han medido los niveles de mercurio en la sangre de los técnicos dentales y dentistas, se observó que la concentración la mayoría de ellos estaba por debajo de los niveles permisibles en el cuerpo, pero en contradic­ción con estos datos, existen también informes en los que los niveles de mer­curio en la sangre de los trabajadores ex­puestos, sí rebasan los límites permisibles. Si esto es así, no sería raro encontrar dentro de algunos años a un dentista loco como protagonista de algún cuento infantil. En cualquier caso, lo que si parece cierto es que las personas que llevan estas amalgamas, tiene la posibilidad de sufrir este tipo de in­toxicación. Pues bien y yendo a los inicios, parece ser que fueron los chinos, ya en el siglo VII, los primeros en utilizar una “pasta de plata” que contenía mercurio para empastes dentales. A principios de 1800, el uso de la pasta de mer­curio/plata como material de obturación den­tal se popularizó en Francia y el Reino Unido (Inglaterra en particular) y fue “exportada” a los EE.UU en los años 1830. Recordemos que las amalgamas son aleaciones del mercurio con otro metal. La amalgama que se emplea en odonto­logía para empastar dientes y muelas se elaboran con una mezcla que contiene aproximadamente 50 por ciento de mercurio, 35 por ciento de plata, 13 por ciento de estaño, 2 por ciento de cobre y una pequeña cantidad de zinc. Con esta mezcla se obtiene un material de color gris que es utilizado para hacer empastes dentales Como en el caso de la posible intoxicación de los profesionales odontólogos, la polémica esta levantada. A favor de los detractores de la utilización del mercurio en las amalgamas dentales, se puede decir que desde el momento en que la amalgama fue introducida para realizar em­pastes dentales, surgió la preocupación ante el hecho de que la toxicidad del mercurio pudiese dar lugar a inaceptables riesgos para la salud. La incidencia respecto a los efectos secundarios más habituales se estima en un 1%. Esto equivale a 10.000 pacientes en una población de 1 millón de portadores de amal­gamas dentales; un considerable problema de salud, si conside­ramos por añadidura que en España un 80 % de la po­blación llevan este tipo de empastes. En el Informe de la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre mercurio inor­gánico se esta­bleció que el mercurio de las amalgamas constituye una de las fuentes principales de adquisi­ción de mer­curio y como confirmación de este hecho en países como Japón o Suecia están prohibidas y en Alemania y algunos Estados de EEUU como California y Colorado, obligan a que los dentistas pidan por escrito el consentimiento antes de aplicar las amalgamas de mercu­rio. ¿Cómo se explica, entonces, que podamos llevar mercurio en la boca sin que “apenas” nos ocurra nada? La razón es que la intoxicación es lenta y crónica y depende de cada persona, del estado de sus defensas y de su metabolismo. Es una intoxicación silenciosa y juzguen us­tedes su importancia: Siete empastes de amalgama corresponden a un peso de unos 2 gramos de mercurio puro. Tan sólo un gramo de mercurio conduciría a la muerte por inyección directa. Soporta­mos esta cantidad porque, en la amalgama el mercurio está en su forma metálica que es poco tóxica y porque se di­suelve y es absorbido por el cuerpo lenta, pero peligrosamente. Pero veamos otra fuente de contaminación de mercurio, tan peligrosa como pueda ser la de las amalgamas de los em­pastes dentales. Nos referimos a la intoxicación por la ingestión de pescado. Esta se debe a que el medio acuático es uno de los más contaminados. Las fábricas lo desechan y se depositan en el sedimento donde las plantas marinas lo absorben. Los organismos herbívoros que se alimentan de ellas a la vez que se contaminan y lo trasmiten a los peces de la zona y además animales de las cadenas alimenticias acuáticas, como lo son las aves y mamíferos marinos. Este fenómeno que se mencionó anteriormente como biomag­nificación se debe a que el mercurio que absorben los orga­nismos vivos, ya sean plantas, pe­ces u hombres, no se elimina sino que se va acumulando. Los grandes peces depre­dadores, acumulan grandes niveles de mercurio que ingieren a lo largo de su vida, pero no son las úni­cas y la Unión Europea informa con frecuencia de la presencia de mercurio por encima de nive­les recomendados en otras especies. Por esta razón y a causa de la contaminación por causa del metil mercurio, la comisión europea recomienda restringir el consumo de grandes peces como el pez espada, el atun o el lucio, especial­mente en los caso de mujeres embarazadas, madres lactantes o niños de corta edad. Sea la contaminación por unas causa u otras se ha establecido la posible relación entre niveles elevados de mercurio (el nivel mínimo permisible es de 10 microgramos por litro de mercurio en la sangre) y el desencadenamiento (o agrava­miento) de otras patologías, como el síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, candidiasis crónica, ciática, síndrome del intestino o colon irritable, enfermedad de Crohn, colitis, gastritis, síndrome de sensibilidades químicas múl­tiples, aler­gias/intolerancias e hipersensi­bilidades alimentarias o dermatológicas, artritis reumatoide, artritis juvenil, espondi­litis, problemas endocrinológicos, proble­mas cardíacos, insomnio, somnolencia, parkinson, autismo, desórdenes hiperacti­vos, dificultades de aprendizaje, esclerosis lateral amilotrópica, y arteriosclerosis. Especial atención merece la temida en­fermedad de Alzheimer. Sin entrar a de­batir la información recogida por el que escribe estas líneas (por favor no maten al mensajero), nos remitimos a un párrafo del libro “Beatings Alzheimer “de Tom Warren ”En un estudio de autopsias humanas, cinco se compa­raron los tejidos cerebrales de personas que habían muerto de Alzheimer con un grupo de per­sonas de edad similar, que habían muerto de otras causas. La única diferencia significativa en contenido de metales entre los dos grupos de cerebros fue el contenido de mercurio; en las personas con Alzheimer era mucho más alto…” ¿Qué hacer ante este panorama, en principio desolador, desde el punto de la medicina natu­rista? Bajo nuestro punto de vista los pasos a seguir serian:

  1. Identificar si realmente tenemos contaminación por mercurio. Esta comprobación se puede realizar con ciertas ga­rantías con:
    • Analisis mineralógico del cabello. (ver mi articulo en esta misma revista de enero 2006)
    • Existen recientemente unos kits “caseros” de venta en herbolarios y parafarmacias con los que con unas gotas de orina y un determinado reactivo se pueden detectar si hay intoxicación de metales pesados, entre ellos el mercurio. La ventaja de este método es que la misma persona puede realizar la prueba en su domicilio y tener una primera aproximación de su intoxicación. Por otro lado el costo de este análisis es relativamente económico ya que dependiendo de los laboratorios fabricantes de estos kits, su precio puede oscilar alrededor de 15-20 €
  2. Una vez identificada la posible contaminación, la eliminación de la misma debe de ser obli­gada. Para ello la medi­cina tradicional tiene métodos y también la medicina holistica. La utilización de parches desintoxicantes (ver mi articulo del mes de enero en esta misma publicación), acompañadas por el alga chlorella, cilantro y selenio pueden ser un posible solución desde el punto de vista naturopático.

En cualquier caso y puesto que este articulo no pretende ser nada mas que informativo y en ningún momento susti­tutivo de ningún tratamiento o diagnóstico, el mejor consejo que puedo darles es que a la menor alarma, consulten us­tedes a su medico, que con toda segu­ridad podrá aconsejarles y ayudarles a resolver el problema.
Bibliografía: El sombrerero loco de Mina Konigsbeerg, Beating Alzheimer's de Tom Warren, Ecologistas en acción. Bo­letín diciembre 2007, Periódico El Mundo articulo de 25de septiembre de 2005, El mercurio de los empastes dentales de Fernanda Quiñones.

 

Antolin de la Torre es Licenciado en Ciencias Químicas, Naturopata y Diplomado en Ciencias Biológicas de la salud Para más información teléfono 914455154 o 666212242