Por un mundo menos contaminado

Por un mundo menos contaminado

por
Antolín de la Torre.
Articulo publicado en la revista Verdemente enero 2009

Todos los lectores que siguen mis artículos en esta revista, habrán comprobado que siempre me he ocupado de mejorar nuestra salud, de nuevos productos puestos en el mercado, de tratamiento de distintas patologías utili­zando las medicinas alternativas pero hay más factores que interviene de modo fundamental sobre nuestra salud, sobre nuestra vida cotidiana, que puede mejorar mediante el uso de nuevas tecnologías. Con este artículo quiero inaugurar una nueva etapa   y  espero que les guste . Para ello nada mejor que conocer su opinión.

Se habla de la contaminación del medio am­biente, del protocolo de Kioto (acuerdo in­ternacio­nal que tiene por objetivo reducir las emisiones de los seis gases provocadores del calentamiento glo­bal), a la presencia de contami­nantes en el agua , ríos, ma­res y aguas subterráneas, cuyos  principa­les ele­mentos  perjudícales son  vertidos de dese­chos in­dustriales y del proveniente del sanea­miento de las  pobla­ciones y en  general en  la in­tro­ducción de cual­quier sustancia o forma de ener­gía, que puede provocar algún des­equilibrio, irre­versible o no, en el medio inicial cuyos efectos, lluvia acida, efecto inver­nadero etc. pueden ser una ame­naza de grado incalculable para la humanidad. La con­taminación ambiental está lle­gando a tales extremos en el mundo, que el ser humano parece estar empeñado en destruir el ambiente donde vive, en una actitud suicida.

Los pueblos, las naciones y sus gobiernos tienen una gran preocupación por la de­grada­ción de nuestro entorno y en consecuencia, cada vez toman medidas más estrictas para controlar este proceso que parece imparable. Pero no es solo cuestión de los esta­dos y los gobiernos. Todos podemos poner nuestro grano de arena de manera que este pro­ceso revierta y vivamos en un mundo mejor, por que  la contaminación derivada de  las acti­vidades del ser humano, llamada contaminación antropogénica, es la que repre­senta el riesgo más grave para la estabilidad de la biosfera en general

Lo verdaderamente curioso es que muchos de estos procesos que contaminan nuestro medio ambiente se reali­zan en nombre de unas mejores condiciones higiénicas e incluso de un aseo personal, como pueda ser el uso de aerosoles en los desodorantes. ¿Han pen­sado ustedes la cantidad de TFM (uno de los gases mas peligroso que se emite a la at­mósfera)  al pulsar el botón de su desodorante  a lo largo del día?

Nos llenamos de productos para limpiar la casa o incluso para hacer más fáciles nues­tras tareas domésticas, sin embargo, estos contienen un sinnúmero de elementos noci­vos para la salud que estamos respirando, ingiriendo o vertiéndolos como peligrosos re­siduos. La solución es evitarlos o usar pro­ductos naturales a nuestro alcance y no de­pen­der tanto de estos productos quí­micos.

Ya escribimos en esta misma re­vista  un artículo sobre como evi­tar uno de los productos de uso mas cotidiano, como es el dentí­frico mediante el uso del cepillo iónico, que puede sustituir con ventaja al cepillo dental utili­zado hasta ahora, con la  gran ventaja de no utilizar dentífrico y  teniendo una efectividad de un 70 % en la pre­vención de caries y placa den­tal, si lo comparamos con  el cepi­llo eléctrico utilizado hasta ahora. Un avance de la tecnología, en este caso japonesa.

Hoy vamos a tratar de sustituir otro producto de uso cotidiano como son los de­tergentes que se utilizan todos los días en todos los hogares de los países desarrollados y cuya peligrosa contaminación está fuera de toda duda. Nos referimos a los detergen­tes y en este caso a los detergentes domésticos.  Pongamos nuestro granito arena. ¿Po­dremos eliminarlos? Como siempre para contestar a esta interrogante, estudiemos los proble­mas que nos pueden causar el uso domestico de un detergente.

En el mundo occidental, desde hace unos 100 años solo nos hemos basado en la indus­tria química para conseguir mejoras en el lavado y limpieza de nuestra ropa. Cuando aparecieron las lavadoras automáticas se creó una demanda progresiva de sustancias más activas que los jabones y que se comportasen mejor en aguas duras, (más ricas en calcio), ya que éstas aumentaban la hidrosolubilidad del jabón, con lo que era arras­trado antes, disminuyendo el tiempo de contacto entre el mismo y la ropa. Esto unido a  la escasez de jabón que se había producido durante la Segunda Guerra Mun­dial, hizo que apareciesen en el mercado un nuevo producto: el detergente.

Un detergente  (en latín, detergere quiere decir limpiar) es pues una sustancia que lim­pia, gracias a tener dos propiedades:

  1. Reduce la tensión superficial del agua, de manera que las moléculas de agua no se sienten tan atraídas mu­tuamente, y pueden penetrar mejor en la superficie a limpiar (por ejemplo un tejido)
  2. Las moléculas del detergente tienen un polo lipófilo, que combina bien con las grasas, y un polo hidrófilo, que combina bien con el agua. La suciedad, que está ad­herida a los tejidos mediante partículas oleosas, atrae a los polos lipófilos, y los polos hidrófilos que­dan dispuestos hacia fuera  rodeando la suciedad, de forma que el agua arrastra todo el conjunto.

Para cumplir estas propiedades,  los deter­gentes de tipo comercial deben contener cier­tos adi­tivos que se pue­den convertir en graves contami­nantes del agua. Entre los princi­pales aditivos están pequeñas cantidades de perfumes, blanqueadores, abrillanta­dores ópticos, estos últimos son tinturas que le dan a la ropa un as­pecto de limpieza,  y los agentes espumantes. Desgra­ciada­mente, la gente tiende a relacionar la capacidad de pro­ducción de espuma con la capacidad limpiadora, aunque la pro­ducción de espuma no tiene nada que ver con la efi­cacia del deter­gente. Además de los antes mencionados, el principal aditivo de los de­tergentes es un compuesto lla­mado tripolifos­fato de sodio, al que se le denomina en forma genérica como fosfato, para evitar que las partí­culas de suciedad vuelvan a la ropa. Por desgracia tiene un gran impacto ecológico. La presencia de los fosfatos en los ríos y embalses provoca la proli­feración de algas que crecen y se reproducen sin control. Cuando estas mueren, las bacterias las descomponen en un proceso que consume gran cantidad de oxígeno di­suelto en el agua, el cual es necesario para la vida acuática en general. Al agotarse el oxígeno los otros seres acuáticos tam­bién mueren y como resul­tado de esto, los ríos y lagos quedan contaminados Actualmente también se encuen­tran en el mercado los lla­mados detergentes antibacterianos, los cuales contienen agentes bactericidas. Esto en parte es bueno pero si se usa este detergente en exceso, entonces el agente bactericida llega a los cuerpos de agua y la contaminan. No es pues de extra­ñar a la vista de estos componentes que  las organizaciones europeas de consumidores y la industria de deter­gentes se hayan adherido a las recomendaciones de la Comisión Europea para el uso racional de los detergentes de lavado de ropa y ser, de esta ma­nera, más respetuosas con el medio ambiente.

Pero hay  una solución mejor que  este uso racional. ¿Podríamos prescindir total­mente de los de­tergentes que usamos a diario en el lavado de nuestras ropas, nuestros platos etc.? La contestación, por increíble que parezca, es afirmativa y la solución es la llamada bola lavadora, bola iónica o bola mágica como se la conoce coloquial­mente.

El dispositivo que consigue este pequeño milagro consiste en una bola de plástico en cuyo interior  hay  un poderoso imán permanente que funciona continuamente para cla­sificar los elementos del agua  y cuatro diferentes cerámicas naturales, que producen  radiación infrarroja e iones negativos, que  transforman la estructura molecular del agua,  limpiando, suavizando, blanqueando, desinfectando, eliminando el cloro y man­teniendo e incluso potenciando los colores de la ropa

Pero si importante es el hecho de no contaminar, (una familia  produce más de 100 kilos por año de productos químicos contaminantes procedentes de los detergentes)   y de tener nuestra ropa  en perfectas condiciones, hay otros factores muy importantes espe­cialmente en esta época de crisis. Como pueden ustedes imaginarse nos referimos a  factores económicos. Vean comparen y después decidan.

Considerando que el precio de una bola de lavado no debe exceder de  30,00 € el costo con este sistema equivale a menos de un 10% de lo que cuesta un lavado tradi­cional con detergente. Su efecto permanece durante al menos 1000 lavados o 3 años de uso.

Reduce el maltrato de las prendas alargando su durabilidad.

 

  • El proceso de secado es más rápido. Por lo tanto disminuye el costo de electrici­dad, gas y tiempo.
  • No precisa suavizante ya que es el propio detergente químico el que deja la ropa áspera.
  • En cuanto a la salud, tema fundamental,  aporta los siguientes factores:
  • Elimina la posibilidad de alergias causadas por el uso de suavizantes, jabones y deter­gentes.
  • El componente antimicrobiano elimina el moho y bacterias patógenas quitando los malos olores.
  • Evita la irritación en la piel provocada por detergentes y otras sustancias en la ropa.
  •  El agua se puede reutilizar después del ciclo de lavado, en jardines, lavado de pi­sos, etc.

En el tratamiento de las aguas residuales lo más costoso y difícil de eliminar son los productos  químicos que contienen los detergentes. Este costo queda eliminado a ser un producto  100 % ecológico.

Ahorremos unos cuantos euros, y evitemos los detergentes en beneficio de nues­tra bola lavadora, porque al fin y al cabo, como dijo Jeff Seatle en 1856,  todos somos habitan­tes de este gran planeta azul, que llamamos hogar. Hogar, que si no hacemos algo, terminaremos por destruirlo. Porque “Cuando el último árbol haya sido abatido, cuando el último río haya sido envenenado, cuando el último pez haya sido pescado, sólo enton­ces nos daremos cuenta de que no se puede comer el dinero”.

Para más información teléfonos 914443424,  666212242  o www.biofarm.es

Antolín de la Torre es Licenciado en  Ciencias Químicas,  Naturopata y Di­plo­mado en Ciencias Biológicas de la Salud

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