Argan, el aceite del desierto

Argan, el aceite del desierto

Productos e Ingredientes

ArganFarm. (Uso cosmético)

Ingredientes: Aceite de Argan 100 % puro

Presentación: Envase con spray de 30 cc.                                      

Precio: 14,00 €

ArganFood (Uso culinario)

Ingredientes: Aceite de Argan de primera prensa en frio

Presentación: Envase de 100 cc.

Precio:

Envase de 15,00 €

Jabón de Argan

Presentacion:  Pastilla de 150 gr

Precio 6,50 €

No deje de leer el siguiente articulo

 

Argan, el aceite del desierto

por

Antolin de la Torre Cortes

(Publicado en la revista Verdemente septiembre 2007)

Dice un viejo proverbio marroquí que los cristianos gastan su dinero en plei­tos, los judíos, en fiestas reli­giosas y los marroquíes, en bodas. Efectivamente, ningún aconteci­miento es más celebrado en Ma­rruecos que el Matrimonio.

El desierto

Introducción

Todo lector que siga mis artículos, que la revista El desierto(2)tiene la ama­bilidad de publicar desde hace algunos meses, o haya leído alguno de mis libros, habrá podido ob­servar que soy un viajero impenitente. Permítanme, que les relate una anécdota que ocurrió en un uno de mis via­jes. Hace aproximadamente diez años me encontraba de viaje con dos compa­ñeros desplazándome desde Agadir hasta Safi, ciudad pesquera de cierta importancia, al oeste de Ma­rruecos. La carretera discurría por un paisaje brumoso, casi desér­tico sino hubiese sido por unos árboles de ocho a diez metros de altura que en principio confundimos con olivos, sobre los que estaban encaramadas, hasta en sus últimas ramas...unas cabras. Se preguntaran ustedes que hacían aquellas cabras trepa­do­ras, de piel en­durecida, que desafiaban la altura y los espi­nos de las ramas, subidas hasta la copa de aquellos ár­boles. Pues bien, aquellos pintorescos animales esta­ban comiendo con verdadera fruición el fruto que le ofrecía aquellos extra­ños árboles y que al acercarnos para hacerles una foto (la escena no era para menos), pudimos compro­bar que, aunque parecidos, no eran oli­vos. El pueblo mas próximo donde para­mos a almorzar era Essaouira, (la anti­gua Mogador francesa), ciudad, de precioso corte colonial y fa­mosa entre otras cosas por sus fábricas de muebles Char­lando con el dueño del restau­ran, viejo cono­cido de unos de mis compañeros, nos informo que durante siglos, para las tribus beréberes del aquella parte de Ma­rruecos, aquel ár­bol había sido una especie de maná, del que se aprove­chaba prácticamente todo y especialmente al aceite que se extraía de sus semillas, componente básico de su dieta y elemento imprescindible de su medicina tradicio­nal, trans­mitida de padres a hijos, generación tras generación a lo largo de varios milenios mediante el complicado idioma berebere, el Tamazight, hablado a lo ancho de tan extensí­simo territorio, a través de tantas gentes dispersas y con sus casi treintena de lenguas y cientos de dialectos, (sin contar con los dialectos o lenguas que como el guanche de las Islas Canarias ya desaparecidos), o trasmitidas también por sus tradiciones escritas, porque aunque el bereber sea una lengua esencialmente de tradición oral, los Bereberes po­seen desde hace al menos 2.500 años, su propio sistema de escritura llamado "libico-bereber" ( tifinagh en berebere), utilizado por los Tuaregs y basado en el alfabeto latino con algunas modificaciones. Pues bien, aquellas tradiciones, orales o escritas del bere­ber ya nos describían desde tiempos antiquísimas a aquel árbol, cuyo nombre era ARGAN, de persistente follaje , que ofrecía al ganado un ver­da­dero pasto colgante, y especialmente para las cabras que no dudan en trepar para ramonear en lo más alto del árbol, ofre­ciendo una singular ima­gen que no pasa des­apercibida al visitante de paso. Poco me imaginaba, que transcurridos unos años y por mi doble pro­fesión de quí­mico y naturopata, me iba a reencontrar con aquel viejo amigo.

El Argan

El Argan (Arganda espi­nosa) es un árbol autóc­tono de Ma­rruecos, de gran vita­lidad, de troncos retorcidos y follaje per­sistente, de pequeñas y alarga­das hojas, asociado siem­pre con los paisajes áridos y frecuentes bruma del de­sierto, donde crece de forma sal­vaje. Sus raíces son pro­fundas, hasta 10 m. de pro­fundidad, por lo que aguantan bien con un par de buenas lluvias al año. En tiempo excesi­vamente seco pierde sus hojas, evitando la exce­siva trans­pi­ración, para vol­verlas a recuperar con las primeras llu­vias. Sus bosques son claros y no sobrepasan los 800 m. de alti­tud, y sobre él y a cotas superio­res, crecen los pista­che­ros, el Ro­ble, el Enebro, y a ma­yores alturas el Cedro del Atlas Argan (que significa olivo en bereber ya que en algunas partes de Ma­rruecos, toma el lugar de la aceituna como fuente del forraje, del aceite, de la madera y del combusti­ble) es en la sociedad de bereber con su vitalidad prodigiosa, la provi­dencia de las zo­nas áridas. Sirve de hábi­tat de unas típicas ardillas de la zona, la ardilla lla­mada Anzet en lengua bere­ber, y que al igual que nues­tras famosas ca­bras, se nu­tre de las frutas del Ar­gán y del pistachero. Los nativos aseguran que la única parte del mundo donde se cultiva este árbol es en la región de Essaouira, en las llanu­ras al pie de las montañas del Alto Atlas oriental y del Anti Atlas, donde ocupa más de 850.000 ha. en forma de bosques claros y que son reconocidos como reserva de la biosfera de la UNESCO... Los frutos de éste árbol, de donde se extrae el aceite, que empiezan a ma­durar con los primeros calores de junio, se reco­gen tradicionalmente de una manera muy original: la re­colectan nuestras famosas cabras, protagonis­tas de este artículo. Cuando el pasto escasea, las cabras (y también los camellos) se suben a los ár­boles para comer sus hojas, sus brotes tiernos y sus fru­tos. Por la noche, ya en el aprisco, los animales empiezan a ru­miar, escupen los hue­sos de los frutos, grandes como be­llo­tas y duros como al­men­dras, que el pastor re­coge sin haberse pin­chado ni una sola vez. Otro método es reco­gerlos de debajo del árbol cuando estos han caído maduros y de­jarlos secar, pelarlos y sacar el hueso. Hasta hace muy pocos años, la extracción de éste aceite era to­talmente artesanal, no existían fá­bricas para su ex­tracción indus­trial. Cien kilos de fruta madura se componen de 50 li­tros de agua, 22 Kg. de pulpa seca que aprovecha el ganado, 25 Kg. de cáscaras que sirven para el fuego y tan sólo 3 Kg. de pipas, de donde se extrae el aceite con un método real­mente arte­sanal y neolítico. Cada hueso se tiene que partir, tarea que realizan las mujeres y los niños, y contiene 3 pipas del tipo de la de calabaza. Éstas se tuestan hasta que co­miencen a ennegrecer, se machacan y se muelen en un rús­tico molino de piedra, hasta que una miel opaca y espesa empieza a cho­rrear por la boca del molino, con la consis­tencia de una crema de sé­samo. Durante una semana des­cansa en un lugar fresco y oscuro hasta que se seca. Las mujeres van for­mando bolas que van apretando hasta que em­pieza a escurrir, poco a poco, aceite de ésta pasta semi ­seca. El aceite es li­gero y trans­parente, más ligero y diges­tivo que el de oliva, de color marrón claro y sabor fuerte y agradable. El aceite produ­cido con este método se guardará 3-6 meses, para su uso familiar, en un almacén, donde puede es­tar hasta 20 años almacenados sin estropearse La pasta restante se da como alimento para el ga­nado. En los zocos se vende, pero ya mezclado, cosa que se reco­noce por los posos que tiene. En el campo marroquí, se come con todo. Sirve de aderezo a los tahines diarios, al cuzcuz, las ensaladas y las aplicacio­nes similares. Una prepara­ción para el pan cono­cido como amlou se hace del aceite, de las almendras y de los caca­huetes del Argan, azucarados a veces con miel o azúcar. Tam­bién se fabrican jabones o se utiliza como com­busti­ble para las lampa­rillas y lo que es más importante para nuestro articulo: tiene increíbles propieda­des cosméti­cas y dermato­lógicas.

Uso cosmético del Argan

En el siglo X, los fenicios presentaban al aceite de Argan como un precioso ungüento de belleza, particularmente utili­zado en las regiones predesérticas marroquíes, para evitar la desecación cutánea y frenar el envejecimiento precoz. Hoy en dia, la moderna medicina nos enseña que este envejecimiento, que ya los fenicios trataban de parar, puede ser de varios tipos y provocados por distintas causas. Los principales son:

  1. Envejecimiento cronológico. El proceso está programado genéticamente. El paso de los años provoca el adelgaza­miento de la dermis y de la epider­mis y por eso la piel se vuelve menos firme y tonificada.
  2. Envejecimiento hormonal. La piel es un órgano vulnera­ble para sus hor­monas. La disminución en los niveles de hor­mo­nas acentúa los signos del envejecimiento de la piel y causa la deshidratación.
  3. Fotoenvejecimiento. Todos los días los rayos UVA del sol pueden pene­trar en el corazón de la piel y dañar las fi­bras de colágeno y elastina de la piel.
  4. El viento. Espe­cialmente seco y caluroso del de­sierto en este caso, puede originar graves problemas a nuestra piel Los mecanismos por los que ocurren estos trastornos se de­ben a que con el paso de los años las células de la piel se divi­den más lentamente, por lo que la dermis comienza a adelgazar. Las células grasas que se localizan bajo la der­mis inician un proceso de atrofia y las fibras de elastina y colá­geno, que sostienen las capas superficiales, pierden consis­tencia. Para­lela­mente, las capacidades de elasticidad y de retención de agua también dis­minuyen, lo que confi­gura un cuadro genera­lizado de deterioro, ayudado por las causas descritas anteriormente.

Además de estos factores biológicos, hoy se sabe que exis­ten otros de carácter genético y de carácter ambiental, así como ciertos condicionantes anímicos, como el estrés, que derivan en las habituales expresiones fa­ciales del entrecejo, contorno de ojos, así como en la superficie de cuello y ma­nos. Pues bien, el aceite de Argan es un excelente medio para combatir estos problemas ya que es capaz de revitali­zar la piel en un 84 por ciento y los dermatólogos lo recomien­dan porque alivia las quemaduras del sol, para el trata­miento de en­fermedades dermatológicas como la neuro-dermitis, la soriasis, la varicela y el acné juve­nil. En la cosmetología moderna se aplica el aceite de argán en la piel por su efecto regenerativo. Científicos franceses de la universidad de Met. Han po­dido probar que el aceite de Ar­gan provoca un rejuvenecimiento de las cé­lulas y re­cientes estudios le otorgan propiedades: hidratantes, anti-an­siedad, re­generadoras, antiarrugas, nutritivas y protecto­ras, siendo conve­niente para todo tipo de piel y para to­das las edades.

Componentes del aceite de Argan

La falta en ácidos grasos esenciales, inevitable con la edad, causa un en­veje­cimiento cutáneo que se traduce en una de­se­cación y una pérdida de elasticidad de la piel, favoreciendo así la apari­ción de arrugas. La co­rrec­ción de una falta en ácido graso esencial permite retrasar el envejeci­miento cutá­neo Pues bien, a principios de los noventa, análisis químicos confirmaron que las valiosas propiedades nutricionales y der­matológicas del aceite de Argan se debía a que es espe­cial­mente rico en ácidos poli y monoinsa­turados (los famo­sos omega3, omega 6 y omega9) al contener hasta en un 80% de áci­dos grasos esenciales (ácido linoleico 50 %, ácido alfa linolénico 15 %, ácido oleico 12 %, ácido araqui­dónico 1 %, ácido gammalinolénico 3 %) y con­tiene gran­des cantidades de tocoferoles (vitamina E) (casi tres veces mas que el aceite de oliva) y phytosteroles (D-7steroles). Como podemos obser­var, los ácidos oleicos y linoleicos es­tán presentes al cerca de 45% y 35% respectivamente, lo que confiere al aceite muy buenas calidades para su utiliza­ción en la cosmé­tica y la alimentación. Estos ácidos grasos son esen­ciales (no pueden ser sintetizados por el orga­nismo) por lo que de­ben ab­sorbidos en forma de aceite vegetal mediante la ali­mentación o en los pro­ductos cos­méticos, introduciéndose de esta forma en los fosfolípidos de las membra­nas, hidratando la piel, alimen­tándola y re­vitali­zándola. Según los tra­bajos de los nu­tricionistas, estos ácidos (áci­dos linoleicos, li­nolénicos, etc) serían también precursores bioló­gicos de unas hormonas intracelulares (las prosta­glandinas), moléculas reguladoras fundamentales de los distintos siste­mas celulares, en parti­cular de todos los in­tercambios de las membranas, desem­pe­ñando un papel esencial en la prevención de varias enfer­medades cutáneas, ya que se son antirradi­cales libres.

Como se aplica el aceite de Argan

El aceite de Argan es incoloro y se puede aplicar en la cara, cuerpo, pelo y en las uñas, penetra rápida­mente y deja la piel satinada, no en­grasa y aporta todos los elementos nutritivos que la piel necesita y se puede utili­zar también para masajes dando al cuerpo una sensación de bienestar y relajación. El aceite se puede utilizar diariamente. Para el cuidado de la piel se ha de untar el cuerpo comple­tamente con aceite de argán y esperar cuarenta y cinco mi­nutos antes de lavarse. Para la piel seca se mezcla a partes iguales aceite de argán y aceite de almen­dras dulces y se frota la piel una vez limpia. Como protector solar se mez­cla a partes iguales con aceite de oliva y se unta el cuerpo an­tes del bron­ceado. Para uñas débiles se mezcla con jugo de li­món y se pintan las uñas, deján­dolas así toda la noche En aplicaciones capilares, puede utilizarse diaria­mente, apli­cándose en el pelo seco y sin brillo, po­niendo una gota de aceite en la mano. Para un tratamiento mas intenso aplicar 30 minutos antes el champú de la raíz hasta las puntas.

 

Perso­nalmente puedo asegurarles que el resultado es impresionante. Conclusiones. Muchas veces en el campo de la cosmética, debemos huir de nombres de marcas famosas, de envases lujosos, etc. para reencontrarnos con la ma­dre naturaleza, que sabia­mente a puesto a nuestra disposi­ción productos natu­rales tan efecti­vos como el aceite de Argan, que por si mismo, sin otros componentes, sin aditivos colorantes o conser­vantes tan utilizados en la cosmética moderna, nos pueden apor­tar ventajas innegables en muchos caso superiores comparados con productos de precios muy superio­res. Nos encontramos pues, ante este cosmético natural que se extrae del fruto de un árbol único en el mundo que crece en el suroeste de Marruecos, única zona de producción mun­dial, debido a su situación ideal entre el ca­lor del Sahara y el fresco del Atlántico. Utilícenlo, solo, puro, sin ningún componente añadido No se arrepentirán.

Una boda marroquí y el aceite de Argan

Dice un viejo proverbio marroquí que los cristianos gastan su dinero en plei­tos, los judíos, en fiestas re­ligiosas y los marroquíes, en bodas. Efectivamente, ningún acontecimiento es más celebrado en Marrue­cos que el Matrimonio.

En la actual sociedad marroquí, el peso de la tradición se aligera de día en día y las celebraciones se simplifican, in­troduciéndose innovaciones pro­pias de este siglo. Con el tiempo han desaparecido infinidad de ritos y costumbres, muchos heredados de épocas ancestrales y por tanto aje­nos al espíritu del Islam. colmado de actos y gestos simbó­licos que significan la ruptura con la vida anterior, la purifi­cación del cuerpo, la protección ante los malos espíritus, la entrega a la voluntad del marido, el vigor del varón, etc. Algunos muy bellos e interesantes desde el punto de vista etnológico. Todos destinados a hacer la unión, segura, próspera y feliz. A ellos nos vamos a referir. Pletórico de ritua­les y alegorías, el complejo ceremo­nial del matrimo­nio tradicional marroquí podría entenderse como una especie de camino ini­ciático para la futura consorte, a lo largo del cual cada precepto quiere sig­nificar la muerte simbólica de su vida anterior, hasta la mutación final en mujer madura, con el acto de consumación del matrimonio. La solemnidad de los actos ceremoniales magnifica a la mujer marroquí hasta elevarla a la condición de un ser su­blime. Junto a la novia, son las otras mujeres las grandes prota­gonistas de esta historia: maquilladoras, peluqueras, de­coradoras, bordadoras, modistas, cocineras y maestras de ceremonia intervienen en una puesta en escena en que, por una vez, el hombre queda relegado al plano de mero es­pectador, incluido el novio, cuya participación es limitada El hammam Para el mundo islámico el agua es un don divino, pero tam­bién significa la sabiduría profunda y la pureza, la bebida que apaga la sed del alma. Así, el hammam (el baño) se convierte en espacio purificador por excelencia y en pasaje obligatorio para los grandes eventos de la vida: nacimiento, circunci­sión y matrimonio. Los marroquíes están con­vencidos de que a los genios (ye­nun) les gusta habitar donde hay abundante agua, y por tanto, que en los hammam hay genios que se apoderan de quienes vienen a molestarles de modo inso­lente. Por ello, cuando una casadera, una parturienta o un recién nacido acuden a ellos para cumplir con el ritual, se encienden ve­las y se gritan “yu-yus” invocando el beneplácito de los ye­nun. Persiguiendo su purificación física y espiritual, la tradición quiere que la novia acuda durante siete noches consecuti­vas a un hammam alquilado para la ocasión. Este ritual se ha ido reduciendo con el tiempo hasta un solo baño. Madre, hermanas, tías, primas, vecinas y amigas la conducen en me­dio de un cortejo de cirios, incienso y “yu-yus”. Entonan cánticos a la be­lleza y recitan alabanzas al Profeta Muham­mad. Todas las jóvenes casade­ras quieren ir ese día con la novia para beneficiarse de la creencia popular que concede a sus acompañantes su misma suerte. Con esta ocasión se organiza en torno a la novia un autén­tico salón de es­tética, donde se practica todo un ritual ge­nerador de belleza y sensualidad. Algunos tratados históri­cos reflejan las modas y costumbres higiénicas que ya en aquella época se practicaban, como eran el uso de pasta dentífrica, cremas depilatorias, aceites y espumas aromáti­cas con esencia de almizcle, jazmín o violeta. Un poema andalusí dice, a propósito del hammam: “El hammam es un lugar en el que los hombres, reunidos, se parecen todos, ya sean criados, ya sean señores: el hombre se codea con gentes que no son sus amigos, y su enemigo puede ser su compañero”.

El ritual de la henna (alheña)

El Profeta Muhammad definía la flor de la henna como: “La reina de todas las flores, de suave perfume de este mundo y del otro”. La henna es una de las plantas más apreciadas en Marrue­cos, y en el mundo islámico en general, por sus propieda­des medicinales. Es antisép­tica, antibacteriana, antimicó­tica, antihemorrágica, etc., pero además posee cualidades cosméticas y mágicas. Se utiliza para teñir y sanear los ca­bellos, así como para embellecer las manos y los pies. La henna forma parte de la cultura popular marroquí, como elemento gene­rador del bien y talismán contra el “mal de ojo” u cualquier otro maleficio. De este modo, participa tra­dicionalmente en todos los acontecimientos familiares, fes­tivos o religiosos. Un proverbio árabe se refiere así a la henna: “Si mis palabras fueran falsas, no te presentaría mi mano teñida de henna”. En las bodas tradicionales, el ritual de la henna comienza al día siguiente del séptimo baño, con la misión legenda­ria de ahuyentar a los malvados ye­nun del cuerpo y del alma. De manera simbólica, primero se aplica una ligera capa de henna sobre las manos y los pies de la novia, que seguida­mente se retira con leche, signo de pu­reza y prosperidad. Un día más tarde, una neggacha (mujer especializada en estos menesteres) completa el ritual creando en sus manos y pies un fingido tatuaje a base de arabescos, cali­grafías y signos simbólicos surgidos de la inspiración pero que res­petan desconocidas reglas de ori­gen remoto. Cada uno de sus signos tiene un significado simbólico. El círculo es sím­bolo de lo absoluto. El triángulo con el vértice hace arriba representa el fuego y el sexo masculino, mien­tras que el triángulo hacia abajo indica el agua y el sexo femenino. El número tres representa las trilogías: naci­miento, madurez y muerte; sabiduría, fuerza y belleza; o pasado, presente y futuro. El número cinco es símbolo de unión y equilibrio. El siete corres­ponde a los siete días de la semana, a los siete grados de la perfección, a las siete es­feras, a los siete cielos. Representa la totalidad del universo en mo­vimiento y constituye un ciclo completo.

Esencia mágica en la cosmética natural

En las celebraciones tradicionales del matrimonio marroquí, la cosmética constituye otro auténtico ritual. Perpetuando la tradición, hasta no hace demasiado tiempo las mujeres ma­rroquíes eran artífices de sus propios trata­mientos de belleza. En la reclu­sión del harén, elaboraban con tiempo, mimo y cautela, fórmulas y reme­dios hereda­dos, a base de ingredientes naturales: leche, miel, huevos, aceite, arcilla, alheña, azafrán, corteza de nogal o azahar. El secreto en la alquimia resultaba fundamental para no perder su esencia mágica, transmitiéndose celosamente sólo de madres a hijas, con la insus­tituible complicidad del maestro attar (perfumista).Por ejemplo, para pre­servar la juventud, tomaban cada mañana, entre otros, un com­puesto de jengibre, clavo, nuez moscada, raíz de galanga, aceite o miel. En los contextos más tradicionales, todavía las novias ma­rroquíes utilizan productos naturales para su cuidado per­sonal. Los más comunes, además de la henna, son el khol, el ghasul, el suak, el aceite de argana, y entre las fragan­cias, el almizcle, el agua de rosas, el jazmín y el sándalo, que embe­llece los ojos y resalta la mirada. El ghasul es una arcilla natural que solo existe en Marruecos, con propieda­des desengrasantes, que se utiliza para el lavado del cabe­llo; el suak, o corteza de nogal, sirve para colorear los la­bios. El argano es un árbol específicamente marroquí. El aceite de sus fru­tos, rico en vitamina E, se utiliza princi­palmente en la alimentación, pero también está indicado contra la esterilidad femenina, la amenaza de aborto y la azoospermia en el hombre (ausencia de espermatozoides). Sus propie­dades son excelentes también en cosmética. Claro que, en los tiempos actuales, las novias marroquíes prefieren el eye liner, carmines de atrevidos colores, ma­quillajes compactos y perfumes franceses.

Simbolismos en las ceremonias tradicionales

Pero volvamos al matrimonio tradicional marroquí. La no­che de bodas es la más significativa desde el punto de vista ceremonial: los amigos del no­vio, acompañados de dos naggafat (maestras de ceremonia), son los encar­gados de raptar a la novia de su hogar, de manera alegórica, y con­ducirla en cortejo a casa de sus futuros suegros. La futura consorte es recibida con todos los honores. El novio es el primer hombre que atraviesa el umbral de la casa paterna con motivo de las celebraciones. Tras recitar unos versos del Corán frente a su esposa, retira el velo que cubre su rostro, descubrién­dola por fin y besándola en la frente. La suegra entrega entonces a la novia una bandeja con leche y dátiles, en señal de bienvenida, y un manojo de llaves y un pan, queriéndole ofrecer su nuevo hogar. La leche pretende teñir de blanco la vida de la esposa, los dátiles simbolizan la fortuna. Entre algunas comunidades beréberes se ofrecen higos y pasas, como por­tadores de felicidad y dulzura, y a veces huevos, que representan los deseos de fertilidad para la futura esposa. Sobre un palanquín la pasean entre los in­vitados, con el rostro velado, para trasladarla definitiva­mente a la alcoba nupcial. En los medios rurales, a la ma­ñana siguiente, la familia de la novia espera impaciente las pruebas evidentes de su virginidad. Dependiendo de cada grupo tribal, las ceremonias del ma­trimonio adquie­ren connotaciones y prácticas muy diversas. Por ejemplo, en la región del Sus, donde los lazos tribales son muy fuertes, es costumbre simular una lucha entre las dos familias: las mujeres se tiran puñados de tagula, plato beréber a base de sémola con mantequilla y miel. De esta forma expresan su deseo de intercambiar cosas dulces en­tre ambas familias Entre los yebala (habitantes del norte de Marruecos), los parientes y ami­gos ofrecen harina a la novia, con la que su madre hace pequeños panes que la suegra distribuye entre los invitados. Los panes son testimonio de solidaridad y las familias quedan unidas para lo mejor y para lo peor. Todo esto en teoría, claro.

Algunos secretos naturales de belleza bereber

Henna

 

  • 100 gramos de henna molida
  • Una cucharada de aceite de oliva virgen
  • Unos granos de clavo de olor, machacados
  • Agua caliente

Preparación: Se hace una pasta espesa que se aplica sobre el cuero ca­belludo (proteger las manos con unos guantes de plástico), extendiéndola después sobre el cabello. Dejar actuar un mínimo de dos horas, en exposición al sol, o utili­zar el secador para contri­buir a fijar el color. Para los cabellos rubios o claros, se re­comienda añadir a la preparación, jugo de granada fresca o seca, con el objeto de oscurecerlos. Se obtiene hirviendo la granada durante un cuarto de hora.

Khol

 

  • Clavos de olor
  • Huesos de aceituna negra
  • Huesos de dátil
  • Un grano de pimienta Antimonio

Preparación: Tostar en una sartén unos cuantos clavos de olor, huesos de aceituna negra, huesos de dátil y un grano de pimienta. Machacar y añadir un poco de an­timonio; mezclar bien. Tamizar muy finamente. Conservar en un pequeño frasco de cristal con un cierre seguro y aplicar con un palito de madera en el interior del ojo. El buen khol es el que pica un poco al aplicarlo.

Ghasul

Preparación: Se disuelven en agua dos kilos de ghasul y se le añaden 25 gramos de cla­vos machacados, 50 gramos de lavanda y 30 gramos de pétalos de rosa triturados. Se deja secar al sol el preparado, hasta dejarlo endurecer. Antes de emplearlo, se añade un poco de agua hasta obtener una pasta espesa que se aplica sobre el cuero cabelludo, frotando a modo de champú, y acla­rando posteriormente.

Aceite de Argan

Para pieles secas y como antiarrugas: Limpiar bien el cutis y aplicar lociones a base de una mezcla de aceite de argana y de aceite de almendras dulces. Para el cuidado del cuerpo: Antes de tomar un baño, embadurnarse el cuerpo con aceite de argan, dejándolo actuar durante cuarenta y cinco minutos.

Antolín de la Torre Cortés
Licenciado en Ciencias Quími­cas por la Universi­dad Com­plu­tense de Ma­drid, Doctor en Natu­ro­patia por Interna­cional Bircham Uni­versity, Di­plomado en Cien­cias Bioló­gicas de la Salud por la Escuela de Cien­cias Bioló­gi­cas de la salud de Elche (Ali­cante), Master en medi­cina cuán­tica por el Insti­tuto de Bad Driburg (Alema­nia). Ha sido tam­bién profesor de Fí­sica y Química de la ONG En­tre­culturas Autor de libros como "Noni, El ár­bol de la vida" "...De Abejas Mieles y Ma­nuka" "Kombucha, té o mila­gro" y “Tamanú, El aceite de los Dioses " “Die­tas y patolo­gías según el grupo sanguí­neo” en­tre otros. Colaborador habitual con sus artículos en las re­vis­tas: Verdemente, Gente, Cuarto Cre­ciente y No­vaOne y con las emisoras RNE1, Onda 0, Ser, COPE e Intercontinental, divulgando te­mas sobre medicinas alternativas.

Para mas información teléfonos 91 4455154 914443424 666212242.